Si de verdad amamos a Dios, si nos echamos en sus brazos sin miedo, aceptando hacer su voluntad, habremos conseguido inmunizarnos contra las apetencias mundanas. Porque solamente en Dios encontraremos la felicidad plena. Amándole a Él, todo lo demás nos sobrará y nos resultará muy fácil desprendernos de lo que no tiene valor. No equivoquemos, pues, nuestra meta, que es la que nos lleva a amar a Dios y a los hermanos, pues ésta es la voluntad del Señor para los que quieren ser fieles a Él.

«No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (XXIV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» XXIV T. ORDINARIO (Mateo 18, 21-35) Hoy



