El ejemplo nos lo dio el propio Jesús, que, por amor a nosotros, se entregó a los que le dieron muerte. Y a Jesús muchos creyentes le han imitado a lo largo de la historia y le siguen imitando en los tiempos actuales. Ellos son el ejemplo permanente que nos muestran el camino a seguir, si queremos ser fieles a la doctrina del amor. No basta que digamos que amamos a los demás, sino que es preciso que lo hagamos con hechos, atentos a las necesidades de los otros, siendo servidores que soportan los contratiempos y no esperan complacencias humanas, sino solamente la recompensa celestial, que es lo que se nos ha prometido.

El que no evita los pequeños defectos, poco a poco cae en los grandes – Beato Tomás de Kempis
La costumbre de dejar pasar las pequeñas imperfecciones, las cosas que, aparentemente no tienen importancia, nos lleva, sin que nos demos cuenta,



