El ejemplo nos lo dio el propio Jesús, que, por amor a nosotros, se entregó a los que le dieron muerte. Y a Jesús muchos creyentes le han imitado a lo largo de la historia y le siguen imitando en los tiempos actuales. Ellos son el ejemplo permanente que nos muestran el camino a seguir, si queremos ser fieles a la doctrina del amor. No basta que digamos que amamos a los demás, sino que es preciso que lo hagamos con hechos, atentos a las necesidades de los otros, siendo servidores que soportan los contratiempos y no esperan complacencias humanas, sino solamente la recompensa celestial, que es lo que se nos ha prometido.

¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! – San Bartolomé
Seguir a Jesús, reconociendo que es el Hijo de Dios que vino a salvarnos, es el principio sobre el que ha de



