Somos muy dados a ver la paja en el ojo de los demás, mientras que nos cuesta distinguir que en los nuestros hay una viga que desenfoca la realidad. ¡Cuánto mejor nos iría si no empleáramos tiempo alguno en criticar lo que hacen o dejan de hacer los otros! De mayor utilidad nos resultaría dedicar el tiempo que empleamos en escudriñar las faltas ajenas en emplearlo en examinar nuestro comportamiento con Dios y con los hermanos.

Cristo entra en estas realidades no para juzgar, sino para liberar; no para culpabilizar, sino para salvar – León XIV
El amor verdadero no oculta las realidades que vemos en cada persona con la que nos encontramos. Cristo conocía a sus discípulos.



