Hermosa verdad la de que nadie se salva solo. Creer en Jesús, caminar siguiendo sus mandatos, nos ha de llevar a vivir en comunión con los demás. Mi fe no es válida si no la comparto y la vivo con los que me rodean. Mi fe es un regalo divino que se me ha dado gratuitamente para que fructifique compartiéndolo, uniéndolo a la fe de los demás. Dios no quiere que me aísle, sino que me sume a los demás creyentes, que los apoye y me apoye en ellos, que formemos entre todos la familia para hacer visible que somos comunidad.

Ningún pecado del hombre puede cancelar la misericordia de Dios – San Juan Pablo II
Dios es Padre misericordioso en grado infinito. Está dispuesto a perdonar siempre, por muy grandes que sean nuestras infidelidades. No tengamos, pues,



