Cuando oramos, estamos más en contacto con Dios. Nos entregamos más a Él y nos identificamos con su mensaje. Un creyente en oración tiene fuerzas suficientes para transformarse y transformar a los demás. Quien ora profundamente está en disposición de unir sus fuerzas a otras muchas y así poder construir el mundo que Cristo quiere que sea implantado entre las gentes. Tenemos, pues, una tarea que llevar a cabo pero solamente encontraremos fuerzas para acometerla si nos ponemos en presencia del Señor que nos protege.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



