Acudamos a María. Ella es la madre amorosa dispuesta siempre a escucharnos y a acompañarnos en nuestros momentos de debilidad, en nuestras caídas, en nuestros infortunios. Nunca, nunca, seremos apartados de su cercanía ni despojados de su protección. En ella tenemos la protectora permanente que nos acerca a Dios y nos reconcilia con Él cada vez que estamos necesitados de ello.

Amar es lo contrario de utilizar – San Juan Pablo II
Si practicamos la caridad para que los demás nos lo reconozcan y nos den las gracias, o porque es lo que se



