Tanto en los momentos en los que lo pasamos mal como en los que nos sentimos repletos de gozo por lo bien que nos van las cosas tenemos que ser conscientes de nuestra fragilidad humana. En uno y en otro caso se nos está sometiendo a pruebas en las que se nos mide nuestra fortaleza interior. Ni lo primero ha de llevarnos a la desesperación y la angustia ni lo segundo ha de infundirnos tanta exaltación que nos aparte de la realidad. Dios nos quiere como somos, con nuestros instantes de dolor y nuestros momentos de gloria. Que no perdamos el sentido de nuestra vida ni en caso ni en el otro.

Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien – Papa Francisco
No vivimos solos, sino que somos parte de una comunidad de hijos de Dios. No somos únicos en esta tierra, sino que



