Querer practicar la caridad con unas personas que nos caen bien y no con otras, no es de buenos cristianos. Ni siquiera puede llamarse caridad en su sentido estricto. Porque Cristo no dijo que diéramos de comer a los que tengan hambre y sean de nuestra raza, religión o ideas políticas. Ni que ofreciéramos un vaso de agua a unos sedientos y no a otros. Ni que visitáramos a los presos con los que compartimos ideales. Querer ser caritativos a nuestro modo no está de acuerdo con la verdad del Evangelio. Más aún: chirría con el auténtico sentido del cristianismo. Hay que ayudar a todos, empezando por los que estén más necesitados, aunque nos caigan mal.

Espíritu Santo, que en la tierra… no sea yo paja inútil ni cizaña perjudicial, ¡sino grano bueno! – San Manuel González
Podemos, con los ejemplos de nuestras vidas, ser cualquier cosa menos aquello que debemos ser, que es ser semilla que nace, crece



