¡Cuánto mejor nos iría si viviéramos menos pendientes de lo que opinan los demás acerca de nosotros! A todos los niveles. Es de Dios de quien debemos estar pendientes. No de lo que digan los vecinos o los amigos. Es a Dios a quien debemos agradar. No a los que nos rodean. No al mundo que trata de engañarnos permanentemente con sus falsas promesas de felicidad. El cristiano tiene una misión: ser fiel al Señor y servirle sirviendo a los hermanos. Aunque no lo comprendan la mayoría de los que viven a nuestro lado.

Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor – Santo Toribio de Mogroviejo
Los halagos de los hombres no deben ser nuestra preocupación nunca. Porque a quien tenemos que complacer es a ti, Señor nuestro.



