Hacer amigos por intereses personales, del tipo que sean, tiene poco valor. Es fácil que cuando ya no nos interesen o ellos consideren que sobramos en sus vidas, la amistad se extinga por completo o quede relegada a casi nada. Pero si ponemos a Dios en medio de nuestras relaciones amistosas, con toda seguridad haremos amigos de verdad. Ellos serán los que siempre estarán a nuestro lado cuando los necesitemos. Con ellos podremos compartir nuestras penas y nuestras alegrías.

Cristo entra en estas realidades no para juzgar, sino para liberar; no para culpabilizar, sino para salvar – León XIV
El amor verdadero no oculta las realidades que vemos en cada persona con la que nos encontramos. Cristo conocía a sus discípulos.



