Podemos, con los ejemplos de nuestras vidas, ser cualquier cosa menos aquello que debemos ser, que es ser semilla que nace, crece y da frutos que ayudan a los demás. Es cierto que con nuestras propias fuerzas poco podemos hacer. Por eso invocamos la ayuda de quien todo lo puede, para que no nos convirtamos en la hierba que daña el sembrado o la cizaña que estropea las cosechas. Si pedimos con humildad, el Espíritu de Dios no hará oídos sordos a nuestra plegaria.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



