Mucho ruido encontramos en nuestras vidas. Proviene del exterior, pero también de nuestro interior. Y tanto ruido impide que escuchemos lo que realmente interesa: a Jesús, que, aunque nos habla siempre, solamente podemos escucharle con total nitidez cuando hay silencio en nuestro entorno. Conviene que, de vez en cuando, nos apartemos a donde podamos oírle con nitidez, apagando todas las voces que nos impidan escucharlo. Con toda seguridad, saldremos transformados y llenos de paz.

Eviten murmurar, porque después resulta muy difícil devolver la fama que se ha quitado – San Juan Cancio
¡Cuántas veces, Señor, nos vamos de la lengua criticando a los demás! Somos muy dados a ver en los otros todo lo



