Amar a los demás, como Cristo nos ha enseñado, es reconfortante. Nunca cansa. Al contrario. Infunde mayor vitalidad. Es como si cada obra buena que hacemos para los otros se transformara en un antídoto contra la fatiga. Cuanto mejor nos comportemos con los que nos rodean, más felices nos sentiremos. Cuanto más repartamos de lo que tenemos, más libres y alegres estaremos. Cuanto más demos, más llenos de paz estaremos.

Una persona que piensa en construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano – Papa Francisco
Como cristianos estamos llamados a tender puentes con todos los que nos rodean. Por eso debemos destruir los muros interiores que nos



