¿Quién soy yo para juzgar a nadie? ¿Quién soy yo para hacer distinciones a la hora de ayudar a los demás? Lo que se me pide es amar sin cortapisas, intereses personales o caprichos mundanos. Las gentes que están a mi lado me necesitan. Porque tienen necesidad de mi oración, mi donativo, mi palabra de consuelo, mi esfuerzo personal…
Y yo debo estar presto a darles mi amor.

Por más comunes que sean las culpas de un hombre, son limitadas; mientras que la misericordia de Dios es sin límites – San Óscar Romero
Nunca debemos cansarnos de pedir perdón a Dios por nuestros fallos. Porque siempre lo obtendremos. Su misericordia es infinita y, como Padre



