Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de que nos humillen y desprecien porque nos consideramos merecedores de honores y glorias. A menudo ocultamos el rostro de Cristo, pobre, humillado, maltratado… No queremos verlo. Pero solamente en él hemos de fijarnos si queremos ser seguidores suyos.
Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos – Benedicto XVI
O ponemos a Dios en el centro de nuestras vidas o quedamos sometidos a los ídolos que nos acechan por doquier y