Para ser mejores personas y para poder ayudar cristianamente a los demás, necesitamos la fuerza que solamente procede de Dios. Nosotros somos poca cosa, estamos llenos de defectos y nuestra debilidad es muy grande. Si asumimos esta realidad, lo correcto es acudir humildemente al Señor a pedirle que nos eche una mano. Porque solamente Él lo hará. Nunca seremos defraudados, si ponemos nuestro corazón en sus manos y le encomendamos nuestros proyectos para que Él los dirija. Nos lo ha prometido y nunca defrauda a los que a Él se acercan.

Por más comunes que sean las culpas de un hombre, son limitadas; mientras que la misericordia de Dios es sin límites – San Óscar Romero
Nunca debemos cansarnos de pedir perdón a Dios por nuestros fallos. Porque siempre lo obtendremos. Su misericordia es infinita y, como Padre



