Somos propensos a enmendar las conductas de los otros. No porque no se ajusten a la justicia y a la verdad, sino porque no coinciden con nuestras apreciaciones de lo que está bien o no lo está. Damos consejos, juzgamos y hasta nos atrevemos a dictar sentencias condenatorias basándonos únicamente en nuestros propios criterios o intereses. Con ello no conseguimos más que dañarnos a nosotros mismos. Mejor nos iría, en vez de estar tan pendientes de los demás, si nos mirásemos nosotros interiormente y corrigiéramos nuestros muchos defectos.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



