No tengamos dudas: el Señor paga con creces. Siempre. Lo que hacemos por los demás, no queda sin recompensa. Nunca. Una palabra de consuelo, tiene premio. Un apretón de manos no es un gesto inútil. Un vaso de agua a quien tiene sed, no es una acción baladí. Ceder el asiento en el autobús a otra persona conlleva recompensa. Porque todo, hasta lo más insignificante que hacemos con los demás es tenido en cuenta por Él.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



