Dos virtudes unidas, sobre las que se asienta la santidad. Sin humildad y sin caridad, nada somos y nada de lo que hagamos tiene sentido. En este tiempo cuaresmal bien nos hará meditar más sobre nuestra pequeñez y sobre el compromiso que tenemos adquirido por el bautismo para ser ejemplos vivos de amor a los demás. Cuanto más ejerzamos estas virtudes, más sólidos serán los cimientos sobre los que hemos de levantar nuestra vida de cristianos comprometidos.

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante – León XIV
En este mundo convulso donde la guerra entre pueblos y la violencia entre hermanos son triste y penosa actualidad, los creyentes en



