Postrarnos junto al sagrario, donde está Jesús, para acompañarle, sentir su presencia, contarle nuestras penas, inquietudes y deseos. Hablar con Él, de amigo a amigo, para que, en su bondad, nos eche una mano en nuestras tribulaciones. Los cristianos tenemos la dicha de contar con el más fiel amigo, siempre cerca de nosotros. Si le visitáramos más, seguramente nos sentiríamos más felices, porque siempre salimos reconfortados tras pasar un rato con Él.

Por más comunes que sean las culpas de un hombre, son limitadas; mientras que la misericordia de Dios es sin límites – San Óscar Romero
Nunca debemos cansarnos de pedir perdón a Dios por nuestros fallos. Porque siempre lo obtendremos. Su misericordia es infinita y, como Padre



