La confianza en Dios es lo que muchas veces nos falta. A menudo, porque nos consideramos suficientemente fuertes para acometer solos tareas que nos superan. Pecamos de soberbia. Y fracasamos porque lo que pretendemos realizar no es del agrado del Señor, o porque nuestra autosuficiencia es motivo más que suficiente para que todo se vaya al traste. Él es el apoyo imprescindible con el que siempre tenemos que contar, si realmente queremos hacer algo conforme a su voluntad y no movidos por nuestros particulares intereses.

Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor – San Juan de la Cruz
Con el amor se puede transformar el corazón del hombre, que es el lugar de donde surgen las maldades humanas. A fuerza



