Ahí radica el verdadero amor, que lleva emparejado consigo la felicidad total de quien lo practica: entregarlo todo, sin quedarnos nada para nosotros. ¿Tarea difícil? Por supuesto, pero posible, como lo han demostrado tantos y tantos seguidores de Jesús a lo largo de la historia. Cuando damos todo lo que somos y tenemos alcanzamos en este mundo una inmensa felicidad que solamente será superada por la que recibiremos en la otra vida.

«Comieron todos y se saciaron» (XVIII T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «Comieron todos y se saciaron» XVIII T. ORDINARIO (Mt 14, 13-21) La hambruna está presente en muchas partes. También



