Nos resulta mucho más cómodo y placentero ver los defectos que tienen los demás que examinarnos a nosotros mismos. Nuestra debilidad humana es más propensa a ver una paja en el ojo del vecino que una viga en el nuestro. Lo correcto, para un buen cristiano, es centrarnos en descubrir nuestras debilidades, que tenemos muchas y grandes. Las de los demás, nosotros hemos de pasarlas por alto. Porque no nos deben atañer. Bastante tarea tenemos por delante para despojarnos de las nuestras. Mucho mejor nos iría si dejáramos de preocuparnos de lo que los demás no hacen bien.

Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor – Santo Toribio de Mogroviejo
Los halagos de los hombres no deben ser nuestra preocupación nunca. Porque a quien tenemos que complacer es a ti, Señor nuestro.



