¿Somos nosotros de esos que se alegran sinceramente del bien de los demás? ¿O acaso nos disgusta que los otros puedan conseguir lo que nosotros no logramos? ¿Nos conformamos con lo que recibimos o nos quejamos porque creemos que merecemos más? ¿Quiénes son mejores: ellos o nosotros? Si somos capaces de responder honestamente a estas preguntas y estamos dispuestos a modificar nuestro orgullo habremos entrado en el camino de la humildad. Ahí encontraremos la dicha que nos lleva a ser mejores.

Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor – Santo Toribio de Mogroviejo
Los halagos de los hombres no deben ser nuestra preocupación nunca. Porque a quien tenemos que complacer es a ti, Señor nuestro.



