Acción Católica General

Málaga

Juan 10, 22-30

Facebook
WhatsApp
Twitter
Pinterest

Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Anteriores

Lucas 2, 22-40

Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo

Mateo 5, 1-12a

Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca,

Marcos 4, 35-41

Marcos 4, 35-41

Aquel día, al atardecer, dice Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en

Marcos 4,26-34

Marcos 4,26-34

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas: –El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la